
Mi gente de Carabanchel: pura poesía madrileña en salsa de amores.
El
chico senegalés, vendedor de "
La Farola" delante del supermercado, todos los días, sonríe y saluda a todos los que entran y salen. Con discreción y sin que te des cuenta, te alegra... te alumbra el día. Él es una ayuda social para los demás, y ni siquiera lo sabe.
La señora con el carrito de la compra lleno, atraviesa el Camino Viejo de Leganés, y antes de entrar en su vivienda habla de todos sus achaques con la vecina del 1º C, asomada a la ventana. El chico boliviano que la acompaña y la cuida escucha por enésima vez la misma historia. Y resignado, la mira y asiente, mientras piensa en su hermana que está en La Paz.
Los niños crecen juntos, las tardes, en la calle, compartiendo juguetes, parque y columpio. Esa gitanilla rubia, 6 añitos, empujando un carricoche con un niño negrito dentro, escucha una rumbita alegre en su i-pod y baila, y me sonríe. Nos sonreímos.
Una pandilla de macarras atraviesa la calle desafiando los coches. Cigarrillo al oído derecho, camisetas ajustadas, tipejos de gimnasio, piercing... Las viejas les miran y bambolean las cabezas. Al rato uno de ellos corre hacia una pareja de ciegos, que caminan abrazados, y les ayuda a cruzar (que con tantas obras andan los pobres en apuros)... Otro se da la vuelta, y al señor con la niña en brazos dice "¡Cuidado, compi!", señalando un cable tendido peligrosamente a 5 cm del suelo.
El guardia de seguridad de la tienda de "Menaje y Hogar", un colombiano corpulento y bonachón: no da nada de miedo (aunque habría que verlo enfadado algún día). Te guiña el ojo cuando pasas delante de la tienda.
En Carabanchel, algunos aún saludan al conductor cuando suben al autobús. En el trayecto, los ancianos más pícaros ligan y se divierten, las señoras se espetan y sonríen por lo bajo. Los más tímidos hacen muecas a los bebés en los carricoches y les ofrecen caramelos (siempre con permiso de los padres acompañantes).
La chica moldava del locutorio está embarazada, conoce a todos sus clientes, siempre les pregunta por sus familias, y para los niños siempre tiene unos chupa-chups debajo del mostrador. Allí dentro, se derraman lágrimas, se consumen amores, se palían ausencias, y qué contenta se puso esa chica colombiana cuando el italiano la ayudó a que abriese el vídeo de la primera comunión de su sobrina en Bogotá.
Los chinos, y sus tiendas baratas de ultramarinos (te resuelven las noches de nevera vacía), y de ropa (la etiqueta del vestido pone 12 euros, le das a la chica una de 10 y dos de un euro y te las devuelve alegando que es demasiado, que ahora ese vestido cuesta menos, 8,50...) (!)
Muchas tiendas cierran (y las crisis económica no tiene nada que ver), el kebab del turco ya no está tan salado desde que cambiaron cocinero (¡éste suda mucho menos!). Resisten estoicos el soriano de la Casa de las empanadas, la murciana de la papelería, el gallego del estanco, la extremeña y su tienda de textiles.
En verano, la "heladería italiana" que regentan esos chicos argentinos, proporciona helados y granizados suculentos: ellos ya saben de antemano lo que va a pedir "el mejor cliente de la casa" (sospecho que le dicen lo mismo a todos los clientes) :D
En Carabanchel familias de inmigrantes comparten vivienda. En cada habitación se aloja una, se dispara la venta de literas. Los borrachos, al atardecer, organizan torneos de damas en unas mesas destartaladas del parque. Las fichas son "piedras" contra "chapas de cerveza aplastadas". Otros hurgan en los contenedores de la basura, y no veas la guerrilla urbana que se monta el día de recogida de muebles y trastos viejos...
Una señora francesa se cae en la acera y se desmaya: súbitamente una peña fiel de ángeles se le arremolina alrededor y - ¡qué maravilla!, el peluquero marroquí le sostiene la espalda, el camarero peruano del bar trae hielo, una gitana busca un abanico, otra la abanica y la reconforta, desde una ventana avisan que ya han llamado la ambulancia... a esto le llamo "protección civil", y lo demás es tontería.
En la madrugada, cuando el cielo empieza a clarear, un viejo perro saca a pasear a su viejo amo, y Diego, el ex interno del psiquiátrico, que ya va por el tercer cigarrillo de tabaco negro, se cruza en pijama y chanclas con las chicas del Flamingo's Fantasy, que salen por la puerta del callejón y se marchan a casa sombrías, ya que nadie ya paga para que sonrían. Diego siempre les pide que pregunten a su jefe si hay trabajo para él.
Modesto y Fermina tienen cita cada sábado a mediodía. Desde hace casi 40 años. Salen vestidos de punta en blanco y acuden a la cervecería. A las 4 de la tarde todavía siguen sentados en los taburetes de la barra. Van por el segundo litro de vino blanco, unas cuantas tapas... Se tambalean y casi no se mantienen de pie, pero no paran de mirarse a los ojos, de charlar y de reírse.
Marcos es un chico calvo, alto, esbelto, guapísimo. Trabaja por las mañanas para mantener limpias las calles y las aceras. Su contrato dice que es un operario municipal del servicio especial de limpieza urbana, pero a él le gusta que le llamen barrendero. Y cuando pasa delante de la farmacia, siempre se detiene un poco más, siempre encuentra alguna mancha de aceite con la que ensañarse, o algún chicle que despegar. Y mientras, aprovecha para mirar de reojo, a través del escaparate, esa mulata que le hizo perder el sueño.
Vagamundo. Él... bueno... vagamundea por este barrio y disfruta del encuentro con su gente. Algunas veces por debajo: Marqués De Vadillo, Urgel, Oporto, Vista Alegre, Carabanchel, Eugenia de Montijo... Otras por arriba: los buses 34,35, 118... o el búho N17... Algunas veces se arrima a las vísperas de un sueño, otras se acerca a su "camello" que le proporciona un buen lote de hierba. Es el dueño de la frutería. Hay que hacerle el pedido con un día de antelación, dejarle una señal, y al día siguiente te entrega la cantidad de albahaca que se necesita para preparar una pasta al pesto en condiciones. ;)
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(*) nota del autor. Carabanchel es un barrio de Madrid. Algunas de las cosas que cuento o que imagino de él se podrían aplicar a otros lugares, de Madrid y del mundo. Si alguien tiene alguna sugerencia, crítica o quiere describirme el suyo, bienvenido sea...