* * * * * Fotoretales Madrileños * * * * *


jueves, 23 de mayo de 2013

Los Labios en la Miel



“…desencantos de sirena que no sabe afinar
y seremos dos locos buscando el mar…”

Rulo y la Contrabanda






Érase una vez, en un tiempo y una edad muy lejos de aquí, un país de ensueño habitado por criaturas fantásticas. Las más increíble de todas era un cisne negro y dorado que, a pesar de ser admirado y codiciado por muchos, un buen día decidió abandonar la monotonía urbana de su estanque. Llevaba tiempo oteando de lejos una cueva que había al otro lado del lago, en la que vivía, según se rumoreaba, un animal precioso y huraño. Un ejemplar nada ejemplar de plantígrado gruñón que dedicaba la mitad de su vida a hibernar y la otra mitad a contonearse por el mundo.

El cisne llegó furtivo, y el atardecer teñía su plumaje de magia. Con una mezcla de desafío personal, egoísmo colonizador, y parte de exótica atracción, se empeñó con paciencia boticaria en sacar esa alimaña herida de su guarida, y le propuso llevarle en andas y volandas hasta el mar.
No sería un mar cualquiera. Era diferente, emotivo, espumoso, rebullente, eterno y nunca visto antes, por supuesto: lo prometían sus ojos apenas velados de tristeza, cuyos destellos dejaban vislumbrar el oleaje que se hallaba al final de ese viaje.
Le arrastró, pues, a bordo de un "monovoluble", por un largo camino rumbo al sur. A ese lugar del que ambos habían oído hablar, en el que todos los antepasados de su respectiva especie habían sido felices.
Cantaba La Shica “asialmar”, uno llevaba y el otro… se dejó llevar, seducido por ese reflejo y por el espejismo de la palabra gentil. Las mentiras tienen la nariz larga y las piernas cortas, dicen, pero ninguna indicación tenemos sobre cuellos perfumados, picos afrutados y miradas de sal.

Para cuando finalmente llegaron a la orilla, ya habían perdido el tiempo de la noción: eran una diáspora “sativa” de sentimientos en libertad que marchaban sedientos dunas a través. Dos almas que se esperaban mutuamente y que se encontraron en medio de una playa tan desierta como para que, de un momento a otro, apareciera una estatua de la libertad semi-enterrada.
Ya se habían desnudado, pero una nueva corriente se acercó:
- “¿Qué haces?... No, no, no te puedes bañar”.
- “¿Que q-q-qué?”
- “¡No te puedes bañar! Seguro que el agua está helada, que hay tiburones… que vienen medusas, que ¿no te parece raro que no haya nadie?... además, no nos hemos traído toalla… ¡Basta! Es hora de volver…”
- “Entonces ¿para qué coño me has traído hasta el mar?”
- “Para verlo”.

... ... ...
Él no tarda en apartarse –ella es el peligro, la amenaza– y desvía la mirada hacia el horizonte. Golpeada por las olas, Christiana intenta asir sus músculos, clavar las uñas en su piel, aferrarse a la solidez de su pecho, ese asidero que le impedirá hundirse como un fardo.
Ambos permanecen en silencio hasta que él dice, casi avergonzado, en un susurro:
«Debemos regresar».
Ella lo mira con rencor; al cabo acata sus palabras, la maldita razón que siempre lo gobierna.
«Regresemos pues»- concede con un beso.

Un beso que no sabe a inicio ni a despedida, un beso que condensa su rabia, un último beso antes de volver sobre sus pasos, antes de conjurar el espejismo de la noche, antes de recuperar su vestido de lino blanco, antes de volver a la frivolidad del mundo, antes de regresar a la ciudad donde los esperan Will y Josephine unidos en su desventura.

Harry suelta la mano de Christiana y se dirige hacia el malecón. Es apenas un instante, pero un instante definitivo, porque ella se queda sola -sola como ahora, sola como siempre- en la espesura del mar.
[ La tejedora de sombras - Jorge Volpi ]


miércoles, 15 de mayo de 2013

ISIDRO SAN



"Hoy tu bordado chillón
es como un paño lujoso
que cubre amante y piadoso
mi ya muerto corazón"...




Uno se odia, y punto
por eso hace harakiri
en homenaje castizo
a ese aniversario number zero.
Al patrono de la nada
heredera
(hoy, nadiversario)
al nunca que nunca recomienza
ofrezco esas mismas
lágrimas - seguidillas
- ¿quién lo habría dicho?
de nuevo deshidratan Las Vistillas -
los tragos de verbena, ya apurados
esta rosquilla aplastada
el cauce seco
el "ya" alcanzado.
A la sirena enjaulada
soñada calavera
de pañuelo y clavel
dedico el último chotis
y mientras ya acude el SAMUR
- ¡AY! morena salerosa! -
el cuplé de sangre que brota
como siempre, es suyo,
y este soneto katana
restregado
en orgullo de higo y freesia
- aunque esté sucia el agua -
da gracias por su visita.


Rosa de Madrid


miércoles, 8 de mayo de 2013

En el nombre de ANTEROS


...and the wonder of it all
is that you just don't realize
how much I love you...
Eric Clapton - Wonderful Tonight



"El Angel Estrellado" - Madrid
(desde una carnicería de la Calle Mayor)



Muchos poetas y artistas románticos no son capaces de sentirse vivos si no producen, ni de ser productivos si no están enamorados, ni de enamorarse si no es de forma anhelante, visionaria y decimonónica. Por consiguiente, el duende (o demonio) que les domina les hace buscar amores que no sean pasiones cualquiera, amores difíciles, que conlleven obstáculos, secretamente esperando que, por una razón u otra, terminen no siendo correspondidos.
La lisiada que vive avergonzada y apartada del mundo. La bella doncella víctima de un hechizo maléfico. La cortesana enferma de tisis. La noble inalcanzable por barreras del linaje. El espíritu inquieto y atormentado que vive en el más allá. La vampira triste, la huidiza mujer-loba, la salvaje encadenada. La monja que ha hecho voto de castidad. La prometida del rey que no se puede sustraer a su destino y a la razón de Estado. La esposa y madre fiel que ha renunciado a su pasión. La princesa recluida en la torre por su mala madrastra (porque en todos los cuentos la madre se muere y si el padre se vuelve a casar es con una mujer mala que hará daño a sus hijos).
Esto es lo que quieren ver, un ángel mensajero que se las estrella en la cara, aunque los dragones ya sean especie en extinción y la realidad opine que se trata más bien –por ejemplo– de una muy prosaica azafata de vuelos pindáricos no identificada que les deja perennemente en lista de espera.
En el amor no correspondido, ellos buscan siempre una causa superior contra la que luchar de forma heroica, un método para vencer la resistencia del mal que se opone a ese amor, un desafío a la naturaleza y al destino injusto, o simplemente una manera de llamar la atención del objeto de su amor indiferente y altivo, y de ponerse a su altura, de conquistarlo, para demostrar de ser irrefutablemente digno de ser amado.
El exilio voluntario de un ermitaño, la aflicción del trovador, el vagabundear del titiritero encorvado o de un bardo barato, son una rendición ante el enésimo (al fin y al cabo, previsible) “no te quiero”, un modo de castigar de (supuesta) belleza quién les rechazó y de castigarse por desmerecedores. Pero también de complacer a ese duende famélico. Mudarse al fin del mundo, emprender un viaje purgatorio, y escribir, escribir sobre todo. Y debajo de todo cuanto escrito, las huellas de ese amor desdichado e insano. Tóxico para el hombre, bálsamo para el escritor.

Hazañas literarias enormes se producen en pos de un amor no correspondido, y más aún de uno correspondido a medias. Como no se manifiesta claramente utópico o imposible, éste no pertenece al campo de las ensoñaciones, de las que uno tarde o temprano se despierta, sino al ámbito de lo posible (y a veces hasta parece que lo es, real), al del milagro que a ratos se deja tocar, pero… aunque… si no fuera porque… se llena de sin embargos, de “no quiero/puedo quererte” y demás impedimentos a su plena realización. Encarna así la perpetua persecución de un objetivo que tira y afloja y nunca se deja alcanzar: en definitiva, una zanahoria para el burro, miel amarga a flor de labios, una eterna insatisfacción, una fuente continua de inspiración. Para muestras, borbotones: Dante y Beatrice, Don Quijote y Dulcinea. Shakespeare. Cyrano de Bergerac...


La otra cara de la moneda.
Observando desde otra perspectiva.
Quién se enamore de un sujeto así de romántico en su visión, tenga en cuenta que si éste corresponderá a su amor lo hará de manera idílica, devota (a lo “Wondeful tonight”), y sincera, pero sólo en la medida y hasta que el duende se lo permita. Como cualquier virus que quiere sobrevivir, el demonio que le habita percibirá la felicidad prolongada como un entorno empalagosamente hostil y, en cuanto se vea afectado por la falta de alimento, le hará sentir muerto, sin chispa ni llama, y causará rechazo, enemistad, insatisfacción difusa, desenamoramiento. El romántico se sentirá de nuevo románticamente infeliz, claro, consciente esa vez de ser él quién hiere sin intención. Pero lo interpretará como algo inevitable. Quién ame a un tipo así, creerá haber encontrado una luciérnaga, rara, en un mar de oscuridad. Hasta que se cerciore de que sólo es una colilla.



*** Notas ***
En la mitología griega, Anteros es el álter ego de Eros: puede entenderse como su antítesis, como la personificación del amor correspondido o, a veces, como el “castigador” de los que desdeñan y no corresponden al amor de otros.
Si habéis estado en Londres, tal vez… En Piccadilly...



“¿Te has preguntado porqué siempre te enamoras de mujeres distantes? Quizás deberías investigar por ahí…”
Hecho.



martes, 30 de abril de 2013

Al Trasluz de Bohemia



Estatua de Ramón María del Valle-Inclán en el Paseo de Recoletos





Casi un siglo después, vuelve actual el léxico de Don Ramón María del Valle-Inclán, gallego despiadado e intransigente, cuyo espíritu impertérrito aún camina encima de nuestras míseras cabezas.
El esperpento que rezuma y que se ha convertido, en poco menos de un año, en una parábola descendiente, trágica y grotesca, de un país deforme, socialmente injusto y opresivo.
Donde es imposible vivir si uno se llama Max Estrella y ve arrebatados uno a uno todos sus derechos, todos sus sueños, mientras la degradación impera y la muerte incumbe sobre los escombros.
Ladrillo a ladrillo, se reutilizan los restos del derribo, y ahí no hay crisis de la construcción, mientras el muro entre tú y yo se levanta, mientras se hace cada día más difícil erigir, digerir, distinguir entre pesadilla y realidad.


“ España es una deformación grotesca de la civilización europea.”




Sidecars - Mundo Fragil



domingo, 21 de abril de 2013

Comisiones Obreres



Lectura dedicada proféticamente al pringao que me destrozó la luna del coche para llevarse un saco de ropa sucia, y que seguirá siendo un miserable toda su vida, al lado de otros que sí han aprendido a robar como dios mand tolera.
(¡Devuelve a la biblio el libro que había dentro, por lo menos!)







- Bueno, ¿y en qué te las buscas? -le pregunté.

- En lo mismo.

- ¿Cómo que en lo mismo? ¿Todavía estás pasando manteca?

- Pues sí, a ver qué voy a hacer.

- Hombre, no sé. Vamos teniendo una edad...

- Ya, si no creas que no lo sé. De hecho, he tratao de remediarlo, pero no es fácil. Verás, hace dos años me dio un toque la policía, que en to' este tiempo no había llegao a molestarme, porque ellos me conocen y saben que lo que lucho es por la vida. Me tuvieron dos días en comisaría, en el calabozo, la cosa no llegó al juzgao, un aviso, como en los toros. Y decidí tomármelo en serio y retirarme. Como mi mujer guisa de escándalo y teníamos unos ahorrillos, montamos un bar: cerveza y buenas tapas, básicamente. Pero la cosa no fue bien, los del barrio que sabían a lo que me dedicaba antes iban diciendo que aquello era un tugurio de drogas, y eso era mentira pues habíamos montado el bar para lo contrario, pero nos crearon mala fama y entraba poca gente, nos matábamos a trabajar por cuatro perras y ni siquiera nos podíamos quedar con ellas. Cuando no hacíamos nada, nos daban ayudas, pero desde el momento en que abrimos el negocio, todo fueron impuestos, que si el notario, la licencia, el proyecto, el perito, la contribución, lo de autónomo, la basura, la Cámara de Comercio y, además, inspecciones, multas, la luz, el agua, el seguro con todas sus responsabilidades a tanto cada una y no te digo si contratas a alguien y ochenta cosas más. Empezamos a discutir entre nosotros y hasta con los niños, se creó un mal rollo familiar que no veas. Y pasaban los meses y cada vez más trabajo y más encabronao. Nos habíamos gastado lo poco que teníamos y el resultado es que estábamos amargaos, como burros en una noria pa' que ganaran los cabrones de las Cajas, de la Junta, del Ayuntamiento, del Estado, con todas sus puñeteras leyes. Así que un día, como al año, nos miramos y nos dijimos: con lo bien que vivíamos antes.

Hizo una pausa para lanzarme una mirada estrábica, aumentada por el cristal de las gafas.

- Cerramos el negocio y nos declaramos insolventes —prosiguió—. Y ahora en vez de pagar impuestos nos dan subsidios y ayudas, como criaturitas que somos. Tenemos una vivienda social por la que hay que pagar mu poco al mes, pero no lo pago, no se vayan a pensar que tengo dinero. Vengo en autobús porque tengo la furgona en el taller, pero normalmente aparco donde quiero, porque como soy insolvente, no pago las multas y, de todos modos, como soy un parao de larga duración, tengo una tarjeta gratuita en los transportes públicos y una ayudita porque no tengo desempleo, y otra mi mujer, y sigo con mi negocio de toda la vida, evitando a los bancos como a la peste. Me juego la libertad, pero cada dos semanas le compro a mis niños pa' la merienda una paletilla de pata negra y que le den por culo al mundo, ¿no te parece?


Conversación entre Andrés y Matías
de la novela: Blues de Trafalgar - José Luis Rodríguez del Corral




Por cierto.
En la guantera te dejaste un sobre con 180 euros, imbécil.